Suiza (y V), Zürich

Como os contaba el otro dia, nuestro viaje tocaba a su fin en Zürich, hacia allí nos dirigimos por la mañana, aunque se nos ocurrió que igual sería bonito bordear el lago de Zürich (Zürichsee) antes de entrar a la ciudad, teniendo en el recuerdo el bonito paseo alrededor del Lago de los Cuatro Cantones. Pues a decir verdad, fue una pequeña cag—.

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El lago es bonito, pero no tanto,  y sobre todo, la carretera es horrorosa, pero bueno…

Por cierto, el Focus que se ve al fondo es el del alquiler, y fue motivo de descojone generalizado por parte de cada habitante autóctono que nos cruzamos, pues estaba matriculado en un cantón en el que, al parecer, debe haber como cuatro gatos, y a la gente le llamaba muchísimo la atención que llevásemos un coche de allí.

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Como iba diciendo, en Zürich nos plantamos, aparcamos en el centro y nos dispusimos a dar un paseo. Fuimos primero a la zona de la estación central de ferrocarril, y luego fuimos subiendo hacia la parte de la universidad.

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Desde donde había una vista espectacular, realmente bonita:

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Bajamos de nuevo hacia el río, nos detuvimos a comer por ahí cerca, y por la orilla del río caminamos hacia el lago. De camino contemplamos desde algo más cerca este impresionante reloj de la Iglesia de San Pedro, el cual es el más grande de Europa.

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Pasamos por el lado de la Grossmünster, ojo a las dos banderas.

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A la izquierda la Fraumünster, a la que luego entraríamos, con una vidriera preciosa que no dejaban fotografiar, y a la derecha la Iglesia de San Pedro.

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En esta segunda foto del Grossmünster podéis apreciar que ahora falta una bandera, y es que me quedé de piedra cuando la vi desaparecer, debe ser que la recogen al caer la tarde.

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Llegamos a la orilla del lago, volvimos a cruzar el río y volvimos por la otra orilla, como decía, entramos a la Fraumünster y pasamos por debajo del gigantesco reloj (8,7 m) de la Iglesia de San Pedro.

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Y poco más, volvimos caminando hacia el coche y hacia el aeropuerto que fuimos, dando ya por finalizado este precioso viaje. Espero que les haya gustado el relato.

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En este álbum de flickr tenéis todas las fotos, por si no habéis tenido suficiente.

Y aquí un mapa con los recorridos que hicimos:

Próximamente las crónicas germánicas, viaje del cual pronto también va a hacer un año. ¡Ay, cómo pasa el tiempo!

¡Felicidades, JP, si me lees, un abrazo!

Suiza (IV), Lucerna y alrededores

Como decíamos el otro día, continuamos nuestro viaje en Lucerna, así que bien de mañana, y tras desayunar algo, nos dirigimos a la parte turística de la ciudad. Lo primero que hicimos fue enterarnos de horarios y funcionamiento de los barcos que van por el lago, comprando unos billetes para un par de horas después, con lo que optamos por dar un paseo por la parte más cercana a la estación y embarcadero.

Lo más cercano era el uno de los lugares más visitados y fotografiados de Suiza, el Kapellbrücke, también incendiado (aunque reconstruido) hace unos años (otra vez, que ya hace siglos sufriría otro incendio que lo recortó bastante, y en vez de reconstruir el puente, acercaron la orilla… ¿ingenieros leperos en Lucerna?). La torre, Wasserturn, es anterior al puente.

Ojo a las escenas de la historia de la ciudad que decoran el interior del Kapellbrücke, lamentablemente, muchas de ellas chamuscadas:

Detalles del Kapellbrücke

Tras cruzar este puente y pasear un poco por la otra orilla, alcanzamos el otro puente de madera de la ciudad, éste más corto, y volvimos a cruzar el río para dirigirnos al embarcadero.

El otro puente de madera

Vista del Kapellbrücke desde el otro lado

Con el barco dimos un paseo por el Lago de los Cuatro Cantones que nos encantó, llegamos hasta Vitznau y volvimos, aprovechando para comer en el propio barco.

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Éste fue el barco que nos llevó:

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Después del barco y aprovechando que habíamos comido temprano, fuimos a conocer gran parte de la ciudad vieja que no nos había dado tiempo de visitar por la mañana, de camino nos encontramos con indicaciones claras y precisas:

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También encontramos muchas bonitas postales,

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Más iglesias:

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Cantidad de tulipanes:

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La Iglesia de antes desde dentro, St. Leogard. (no me atrevo a decir que fuera la Catedral)

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El impresionante Löwendenkmal, es sobrecogedor:

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El ayuntamiento:

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El segundo puente de madera, de nuevo.

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El Gutsch, hotel:

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De aquí fuimos a por el coche, con el que rodeamos el lago de los Cuatro Cantones, lamentablemente, debido al mal tiempo, y a que conducía yo, no hay ninguna foto, intentaré recuperar alguna foto de la cámara de mi padre para ponerla por aquí; fue un acierto dar este paseo, nos encantó.

De vuelta a Lucerna buscamos un sitio donde cenar, el elegido, otro acierto fue el Ristorante Modomio, y quien lo regentaba (lamentablemente no recuerdo su nombre), era un agradable señor, creo que venezolano, que había vivido por medio mundo y hablaba como 7 u 8 idiomas, la cocina, magnífica, muy recomendable, sin duda.

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Nuestro viaje ya iba tocando a su fin, al día siguiente volveríamos a Zurich, a dar una vuelta antes de tomar el avión de vuelta, pero, una vez más, eso, será otra historia. Hasta la próxima.

Suiza (III), Friburgo, Gruyères y Lausana

Como decíamos aquí, a la mañana siguiente abandonamos Berna encaminándonos a Friburgo, adonde llegaríamos tras un rato de coche.

En esta bonita ciudad nos permitimos pasear un rato por sus empinadas callejuelas y admirar el bonito valle, aquí tenéis algunas muestras:

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Mención especial al funicular, citando la wikipedia, muy conocido porque constituye una de las curiosidades de la ciudad. La línea fue creada en 1899 y une el centro con el casco antiguo. El Funicular de Fribourg es considerado como monumento histórico y es único en Europa, ya que se trata del único que usa las aguas residuales de la ciudad para poder funcionar. Para ello, utiliza un sistema de contrapeso. Aquí lo tenéis en funcionamiento:

Al salir de Friburgo cruzamos el valle y nos encaminamos hacia Gruyères, eso sí, el camino se hizo cortísimo disfrutando de paisajes como éste (a pesar de la lluvia):

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Ya en Gruyères, nos recibieron estos simpáticos habitantes componiendo una preciosa postal:

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Como ya teníamos hambre intentamos encontrar algún restaurante de comida rápida-basura, y al no encontrarlo, tiramos de guía y nos metimos en el magnífico Hotel Restaurant La Fleur de Lys a tomarnos, sin prisa alguna, una deliciosa raclette y una sabrosa fondue, que para eso estábamos en Gruyères.

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Después de comer dimos un paseo por el pueblo, topándonos con un grupo tocando las tradicionales cuernos alpinos:

A continuación tomamos la carretera en dirección a Lausana, aunque eso sí, con bastante peor tiempo, mucha lluvia, y con lluvia nos recibió la ciudad sede del Comité Olímpico Internacional, del lago Lemán poco puedo decir porque no vimos nada debido al mal tiempo.

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Por la ciudad dimos un breve paseo, pasando por el Museo Cantonal de Bellas Artes, al cual no entramos, pero que en un hueco de su fachada conserva la puertecita que se usaba para cerrar y contener el agua durante la construcción del tunel de Simplon.

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De ahí subimos hacia la Catedral, contemplamos la vista que desde allí había, y entramos a ella.

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Al salir, y como estábamos un poco ateridos de frío nos tomamos un café, en un local que resultó ser muy acogedor, Le Barbare, lo recomendamos. Está en lo alto de esta escalinata, a los pies de la catedral.

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De ahí fuimos bajando a recoger el coche y por la autopista hacia Lucerna, nuestra siguiente etapa, llegamos ya un poco tarde y después de encontrar el hotel Alpha, donde nos hospedábamos, buscamos algún sitio cercano donde cenar, un pub cervecero fue el elegido, y aunque nos supo a gloria, probablemente con menos urgencia no nos habríamos decantado por él.

Como decía antes, la próxima entrega versará sobre Lucerna y su entorno, hasta entonces, tengan salud.

Suiza (II), Berna

Bueno, continuemos con la historia.

Al día siguiente nos tocaba conocer un poco de Berna, y, aprovechando que Ingrid trabaja en la radio del parlamento, empezamos por una visita al Bundeshaus, edificio donde residen las dos cámaras de representación de los ciudadanos Helvéticos (Consejo Nacional y Consejo de los Estados) y el propio gobierno (Consejo Federal) con sus siete ministros. El edificio se puede visitar normalmente, esperando la preceptiva cola, paso que nosotros nos pudimos evitar al visitarlo con trabajadores de la institución. Además de Ingrid nos acompañó una señora muy agradable de cuyo nombre no consigo acordarme. Ésta es la fachada Norte del edificio.

Bundeshaus

En esta foto, procedente de Wikipedia, podéis ver la cámara Baja en su totalidad:

Consejo Nacional

Este es un detalle de la Cámara Alta:

Cabe mencionar que a lo largo de la visita nos cruzamos con varios de los Ministros los cuales se mostraron muy accesibles, lo cual me gustó. Además, por lo que nos fueron contando de cómo funcionaban, la verdad es que me dio envidia, por lo menos así contado, me pareció un sistema muy transparente.

Ya fuera bajamos hacia la catedral, pasando al lado de este bonito reloj, con sus muñequitos, música y demás avíos:

Pasamos también por el lado de una casita donde vivió Albert Einstein (y al parecer donde desarrolló su Teoría de la Relatividad) y llegamos al Berner Münster:

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Al cual entramos y donde tomamos alguna fotillo

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Seguimos bajando hacia el río, dónde hay un recinto donde está una pareja de osos, símbolo de la ciudad:

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Cruzamos el río y nos reunimos a almorzar con Franziska en el Rosengarten, un restaurante con unas vistas preciosas de la ciudad

P1110012Después de comer tomamos un autobús que nos llevó al Centro Paul Klee, el cual contenía obras interesantes, y otras, a mi juicio no tanto. Más sobre el artista.
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Para cerrar el día nos llevaron a cenar al Dampfzentrale, que está en una vieja nave a orillas del río, edificio que comparte con una discoteca y otros espacios culturales.

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Y para de verdad acabar, fuimos a tomar una copa a un club también a la orilla del río Aar,

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Ya ahí nos despedimos de Ingrid y a la mañana siguiente nos despediríamos de Berna, pero esa será otra historia.

Suiza (I)

Podría empezar diciendo que el pasado mes de mayo estuvimos de viaje por Suiza, y ya empezaríamos mal, ya que fue un mayo pasado, pero pasado hace ya un año, en 2010.

Así que sí que tengo mucho trabajo pendiente, y lo que me da más pena, ya no tengo las cosas demasiado frescas, lo cual redundará en la calidad de las entradas, mis disculpas por ello. Para que me cueste algo menos voy a intentar hacerlas menos extensas, pero sí más numerosas.

El caso es que tal día como aquél, volamos hacia Zurich, donde tomamos alquilado un coche y nos dirigimos hacia Berna, nuestro primer destino en tierras helvéticas.  Nos instalamos rápidamente en el hotel Waldhorn, y por fin nos encontramos con Ingrid, la «ahijada adoptiva» Suiza de mis padres, la cual conocieron el año que yo estaba de Erasmus en l’Aquila, una chica fantástica, a pesar de que hiciera suyo mi sitio en la mesa de mis padres, en fin, el que se fue de Sevilla… 🙂

Ya con ella nos dirigimos hacia el centro de la ciudad con intención de comer algo, a una buena hora española, no tanto para los estándares suizos; pero bueno, lo conseguimos, no sé si Ingrid tuvo que convencer al camarero de que queríamos merendar (no domino el alemán), pero el caso es que pudimos saciar nuestra hambre.

<inciso>Una cosa que me llamó la atención es la cantidad de bicicletas que se ven, y es que la gente las usa como medio de locomoción habitual, aún con el tiempo, que no siempre es tan bueno como cuando estuvimos nosotros (rara  vez lo es), y a pesar del relieve, ya que no pocas cuestas hay en Berna; la conclusión que saco después de vivir tres años en Madrid y que en más de una ocasión me hayan puesto estas dos como excusas para que la gente no se mueva en bici, me inclino a pensar que es más un problema educacional que otra cosa, en fin, vayamos poco a poco, algún día llegaremos.</inciso>

Después de comer, ya con el coche hicimos una excursión a Thun, una bonita ciudad al lado de un lago precioso, el Thunersee. Aquí se ve un poco del lago y las montañas que lo circundan, entre ellas el Mönch y el Jungfrau.

Atentos al color del agua, limpísima:

Por lo demás, una vegetación impresionante y las plantas muy cuidadas.

Y para el final he dejado una vista de un trocito de la ciudad, con el lago y el castillo.

Para acabar el día fuimos a Jegenstorf, a casa de Franziska, la madre de Ingrid, otra enamorada de España y cenamos con toda la familia una deliciosa raclette, maravilloso queso que tienen los suizos, por cierto. 🙂 En fin, un rato agradabilísimo en una inmejorable compañía. En la próxima entrega abordaremos el turismo que hicimos por la ciudad de Berna, hasta entonces.