4/4 Tana, París, Madrid


A las 00:40 empezaba el embarque del vuelo, con la sorpresa de otro control de seguridad antes de subir al avión.
Ya en el avión los TCP se volvieron un poco locos contando a la gente, pero salimos más o menos en tiempo, hay muchos huecos, lo que imagino que agilizó el embarque. Tras una regulera «merienda» he conseguido dormir un poco, y ver una película, mientras Sara duerme a pierna suelta, qué envidia.
Y ya está, hasta que tocaba aterrizar no conseguí dormirme otra vez, así que me duró poco.
En CDG hicimos el recorrido turístico en el avión hasta que estacionó en el quinto pino, y luego en el autobús deshicimos el camino hasta la terminal, control de pasaportes y a buscar la puerta de embarque, corriendo salimos de la terminal (paso inexplicable para mi), buscamos la otra terminal, entramos, control de seguridad, busca la puerta, y llegamos casi cuando estaban cerrando el vuelo.
Éste fue bien, llegamos a Madrid en un par de horas, y allí nos esperaban mis suegros, ya con papeles, de hecho nos traían también el libro de familia :). Y nada, así acabó el periplo. Espero les haya gustado.

La foto es de los Alpes.

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3/4 Anakao-Toliara-Tana


Como nos podíamos imaginar ayer, la intranquilidad que nos invadió anoche no nos permitió dormir ni mucho, ni bien. Ya al llegar a Madagascar nos informaron que el vuelo Toliara-Antananarivo había cambiado de las 12 a las 18, lo cual ya nos sorprendió, pero que además el día antes cambiaran de nuevo de las 18 a las 10 fue como para hacer la cabra. Vamos, que no estábamos para nada tranquilos. El caso es que a las 4:45 estábamos en planta habiendo maldormido, tras prepararnos y terminar de cerrar el equipaje fuimos a desayunar. A las 6 iba ya clareando el alba y nos recogió la lancha que nos llevaría a Toliara.
Después de tantas puestas de sol por fin lo veríamos salir, fue en el mar, frente a la bahía de san Agustín, y en los alrededores del Trópico de Capricornio.
En cerca de una hora de navegación llegamos a Anakao, esta vez con marea alta, lo que hizo que el trayecto en Zebú Shuttle fuera mucho menor. Allí nos esperaba Michelle, el dueño del hotel. Cuando me hube cambiado de ropa, éste nos acercó al aeropuerto, donde llegamos con bastante tiempo, facturamos a pesar de que se cayó la red, y, cuando tocó, embarcamos en el ATR-72 que nos llevaría a Tana. El vuelo fue bien, y muy interesante ver el país desde el aire.
En Tana nos esperaba la responsable de la agencia de viajes malgache, que habla español, y un chofer. Nos llevaron a comer y hacer algunas comprillas que quedaban y nos dejaron en un hotel para descansar, nos recogería otro chofer a las 21:00 para llevarnos al hotel. Pues eso, descansamos, mandamos alguna postal, dimos un breve paseo, sorbimos wifi, nos duchamos y bajamos a cenar.
A las 9 nos estaba esperando otro Michelle, guía que también hablaba español y que nos llevó al aeropuerto. Nuevamente llegamos sobrados de tiempo, así que facturamos lo antes posible y nos fuimos directos al control de seguridad y pasaportes, temiendo que el mora-Mora nos hiciera eternos los trámites. Por suerte fue todo muy rápido, así que nos sentamos a esperar, que quedaban todavía unas horas de espera. Y así a lo tonto acabó el día. La foto es del amanecer malgache.

2/4 Anakao

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Hoy después de desayunar y, esta vez sí, ver embarcar al jefe en la lancha, hemos dado un nuevo paseo hacia el norte, cuando volvíamos nos detuvimos a darnos un bañito aprovechando que la marea estaba más o menos alta.
Luego a leer en las tumbonas, luego comer (como se nota que se ha ido el jefe, estaba un colega tumbado a la bartola en la caseta del billar y otro, el responsable, en el bungalow deluxe), y ahora a sestear un poco antes de ponernos a hacer el equipaje, que mañana temprano emprendemos la vuelta.
Hablando de billar, anoche echamos una partida… una bola blanca, una negra, siete amarillas y siete rojas, todas más pequeñas de lo habitual, y la mesa, infestada de insectos, toda una experiencia. Ganó Sara.
Cuando tengamos preparada la maleta saldremos a las tumbonas otro rato; allí seguro que nos espera algún comando de niñas para que les demos lo que podamos, aunque ellas quieran todo. :/
En fin, luego contaré cómo acaba todo.
Efectivamente el «mercadillo» fue curioso, la primera niña que vino fue comedida, cogió una camiseta de Sara y un jabón, y le dio a Sara un collar como agradecimiento, aunque Sara lo intentó rechazar. Con las otras cinco que vinieron fue distinto, arrasaron con todo lo que había, y con malas caras, incluso una se quejaba de que mi camiseta no le estaría a su padre, que se la cambiásemos por otra de una talla mayor ¿? En fin. Antes que las niñas vino Dab, a quién le dimos un pantalón mío y una linterna que funciona sin pilas, con una manivela, se mostró muy agradecido, es buena gente el hombre.
Después de cenar por fin vino Lalaina, el encargado, que había hablado con su jefe y mañana saldríamos a las 6, porque el vuelo a Tana había cambiado de hora y en vez de a las 18 iba a salir a las 10 ¡¿?! Así que nos fuimos a intentar dormir lo posible dada la intranquilidad generada. En la siguiente entrada el desenlace, buenas tardes.

PD. La foto es del interior del bungalow.

1/4 Anakao – Nosy Satrana

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Después de desayunar vimos cómo Michelle, el propietario del hotel, se quedaba en tierra y no conseguía parar la lancha que le llevase a Toliara. Poco después llegaría «Dab» en su piragua, nuevamente con su churumbel y esta vez equipado con un motor fueraborda. Tras coger pan y agua nos montamos en la piragua, y rumbo a Nosy Satrana. De camino hemos pasado por delante de Anakao, de algún hotel abandonado, hemos dado la vuelta al cabo, visto de lejos otro complejo hotelero, y finalmente, tras cerca de una hora navegando la mayor parte del tiempo a vela, hemos llegado a esta otra isla desierta. Hemos dejado a Dab y su hijo montando el «picnic» y nos hemos ido a recorrer la isla. Primero hemos atravesado parte del interior, pero la abundancia de insectos cojoneros nos ha hecho desistir y nos dispusimos a recorrerla por la orilla del mar.
Al poco de ir por la orilla localizamos una zona donde el agua cubría más y donde cuando baja la marea se forman como unas piscinas naturales. Allí hemos estado un rato chapoteando viendo únicamente a lo lejos a algún pescador, una pasada.
A continuación seguimos recorriendo la orilla y, como estaba bajando la marea, viendo en las charcas todo tipo de animalillos, cangrejos, también ermitaños, estrellas de mar como la de la foto, cantidad de peces, y también aves «haciendo la compra».
Finalizada la vuelta a la isla (el último tramo consistió en atravesar una bahía caminando sobre 4 dedos de agua), nos reencontramos con Dab & son, y vimos como llegaba a nuestro mismo árbol donante de sombra un grupo compuesto por una blanquita como nosotros y tres locales cargando con una nevera, mesa, silla y comida. Mi sorpresa fue mayúscula, ya que, nosotros, que íbamos en plan de picnic (habíamos hablado de unos bocadillos y punto) ya nos encontramos conque Dab extendía la vela de la piragua en la sombra y se disponía a hacernos un pescado a la brasa (que pescaría a continuación) con su salsa de sofrito de tomate riquísimo, hecho allí mismo en el mismo fuego del pescado. Pues eso, flipando por lo nuestro, pero más aún cuando vemos el chiringuito de la otra guiri, alucinante. Por cierto, que pescado y sofrito, riquísimos, todo metido en un pan hecho esta mañana en el hotel.
Después de comer defendiendo nuestra comida de los ataques de un grupo de lagartos a los que les gustaba el pan, nos hemos tumbado a descansar un rato. Luego hemos recogido el campamento y hemos recorrido un buen trayecto de bajamar hasta la piragua y hemos emprendido el camino de vuelta. Nos hemos despedido de Dab & son y tras una duchita (el agua sale más que con presión con depresión) para refrescarnos, estamos echando una siestecita. Nuevamente, la previsión es que, cuando baje un poco el sol, salgamos a leer a la sombra hasta ver ponerse el sol sobre el mar, luego cena, contemplación de cielo estrellado y a dormir. Buenas tardes.

31/3 Anakao

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Hoy nos hemos levantado con calma, y después de desayunar nos hemos dado un paseo explorando la playa hacia el norte. Hemos visto pescadores, algunos recogiendo arena, gente yendo y viniendo, y algunos animalillos. Volviendo hemos parado para remojarnos y allí hemos estado hasta que la marea nos ha dejado fuera del agua, momento en que hemos regresado al hotel y hemos estado tumbados leyendo a la sombra hasta la hora de comer.
Hemos dado cuenta de una rica «cigala de mar» como la llaman por aquí, es un bichejo muy parecido a la langosta.
Y nada, ahora toca siesta mientras pasan las horas de más calor. Luego se prevé lectura en la tumbona, cena y hasta mañana. Dura vida ésta.

PD. La foto recoge la puesta de sol desde la tumbona donde, como se preveía, estábamos leyendo.

PD2. Ya no somos los únicos huéspedes del hotel. Hay otro matrimonio de franceses un poco rancios.